El cuchillo era muy afilado, pero al ser parte del anillo era pequeño, y la cuerda que las ataba era gruesa. Para no levantar sospechas, Sofía cortaba despacio, controlando cada movimiento para no agitarse. Desde fuera, parecía simplemente estar con la mente en blanco.No supo cuánto tiempo pasó. En un momento dado, sintió que la presión en las muñecas cedía.Se le iluminaron los ojos. Llevó la mirada hacia los vigilantes.Los dos hombres, convencidos de que no había forma de que escaparan, habían bajado la guardia. Uno estaba tumbado en el suelo, dormido. El otro tenía la cabeza apoyada en la mano, cabeceando.Sofía miró hacia la ventana.Afuera empezaba a clarear apenas. Debía de ser de madrugada.Y fue entonces, con esa luz tenue, que pudo distinguir a lo lejos una silueta de montañas superpuestas.Montañas y lago.Se le complicó el panorama.Aetheria era un lugar lleno de paisajes así. Solo con eso no podía orientarse. Y en los alrededores había muchos sitios parecidos, así que aun
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