Al terminar de hablar, bajó la mirada hacia Adrián y le dijo:—Perdona, señor Vargas, no me di cuenta. Pero, ¿de plano el café sabe tan mal que no le diste ni un trago? Por cierto, ¿lo que está amargo es el café o tu vida?¡Clanc!Fue el sonido de la cuchara de otro de los amigos de Adrián al caer dentro de su plato.Esa frase de Olivia significaba que había escuchado absolutamente todo lo que estaban murmurando hace un momento.—¿Qué pasó, Nico? ¿Por qué no puedes ni sostener la cuchara? ¿A poco los asusté? Lo siento mucho, mejor ya me voy para que puedan desayunar a gusto.Tras decir esto, Olivia sonrió amable y comenzó a salir del restaurante caminando con lentitud.Detrás de ella se escuchó el tintineo de los cubiertos y luego la voz de Paulina, que entre sollozos intentaba calmar a los demás.—No empieces, no hagas una tontería, ¿sí? ¿Ya pensaste en cómo se va a sentir Adri? ¿Podemos intentar ver las cosas desde su lugar por una vez? Yo voy, déjenme ir a hablar con ella.Paulina l
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