El tiempo se difuminó en un vórtice de sensaciones.El mundo exterior se desvaneció en un murmullo amortiguado, una realidad distante.A través de la pesada puerta, casi podía sentir cómo cambiaba la atmósfera en el pasillo: de la conmoción a los susurros escandalizados, hasta el silencio pesado y sofocante de la humillación final de Marco.Él lo había orquestado, y ahora estaba obligado a hacer guardia fuera de la habitación donde su gran plan había fracasado, convirtiéndose en un testimonio de la devoción de mi esposo.Durante dos horas, fuimos las únicas dos personas en el universo.Jude adoró mi cuerpo, purgando el veneno con una pasión tan intensa que se sintió como si estuviera marcando a fuego mi propia alma.Esto no era solo sexo; era un exorcismo.Era su declaración de que yo era su salvación.Y para mí, cada toque, cada beso era una victoria.Cuando terminó, yacimos enredados en el lujoso sofá, la energía frenética reemplazada por una calma profunda y posesiva.El f
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