El día que Elsa se puso de parto, los ancianos de la Sangre se amontonaron frente a la habitación y llenaron todo el pasillo.Todo por culpa de Elsa, que a todo el que se le ponía enfrente le repetía que estaba a punto de traer al mundo a un heredero de sangre pura, hasta conseguir que todo el clan estuviera pendiente de su parto.Incluso el rey, Alfonso de Montoya, que casi nunca se metía en asuntos cotidianos, había venido en persona.Sebastián caminaba de un lado a otro frente a la puerta, dando vueltas como fiera enjaulada, con el gesto tan tenso que cualquiera habría dicho que, si lo dejaban, era capaz de meterse en la habitación a empujones.Los presentes no podían estarse quietos: se acomodaban la ropa, se frotaban las manos, murmuraban en voz baja, esperando la llegada del nuevo heredero, la siguiente generación llamada a gobernar la noche.Los gritos de Elsa se fueron volviendo cada vez más agudos, hasta convertirse en chillidos que helaban la sangre. Luego, poco a poco, se f
Read more