—Hija, sé que siempre te ha gustado Alejandro, pero aun así te recomiendo que consideres a Ramiro.—Puede que no sea tan interesante como Alejandro, pero es estable y, lo más importante, puedo ver que te trata muy bien.Me dolía la cabeza, un dolor sordo y pesado.Levanté la vista y vi a papá sentado frente a mí, esforzándose con toda sinceridad por convencerme.Miré a mi alrededor y entonces lo entendí: había renacido, había vuelto a antes de que todo ocurriera.En mi vida pasada, después de la muerte de Alejandro, los secuestradores también me obligaron a saltar al mar.Incluso ahora, la sensación de asfixia, con los pulmones llenos de agua y sin poder respirar, seguía aferrada a mi corazón.Inhalé con miedo, como si solo así pudiera convencerme de que realmente había renacido.Al verme tan pálida, papá preguntó con preocupación: —¿Qué te pasa?—¿No te sientes bien? ¡Mayordomo, rápido, llamen al médico!Al ver su expresión nerviosa, lo tranquilicé: —Estoy bien, solo me resfrié un poc
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