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Casada de nuevo, él enloqueció
Casada de nuevo, él enloqueció
Author: Frimontaña

Capítulo 1

Author: Frimontaña
—Hija, sé que siempre te ha gustado Alejandro, pero aun así te recomiendo que consideres a Ramiro.

—Puede que no sea tan interesante como Alejandro, pero es estable y, lo más importante, puedo ver que te trata muy bien.

Me dolía la cabeza, un dolor sordo y pesado.

Levanté la vista y vi a papá sentado frente a mí, esforzándose con toda sinceridad por convencerme.

Miré a mi alrededor y entonces lo entendí: había renacido, había vuelto a antes de que todo ocurriera.

En mi vida pasada, después de la muerte de Alejandro, los secuestradores también me obligaron a saltar al mar.

Incluso ahora, la sensación de asfixia, con los pulmones llenos de agua y sin poder respirar, seguía aferrada a mi corazón.

Inhalé con miedo, como si solo así pudiera convencerme de que realmente había renacido.

Al verme tan pálida, papá preguntó con preocupación: —¿Qué te pasa?

—¿No te sientes bien? ¡Mayordomo, rápido, llamen al médico!

Al ver su expresión nerviosa, lo tranquilicé: —Estoy bien, solo me resfrié un poco.

Lo abracé, con los ojos enrojecidos: —Te extrañé muchísimo.

En mi vida anterior, por culpa de Alejandro, terminé con un colapso mental, completamente trastornada.

Papá me quería tanto que hizo todo lo posible por consolarme y, al final, murió en el camino, cuando iba a comprarme flores.

Solo después de su muerte comprendí lo absurda que había sido.

Tras renacer, lo único que quería era ser la hija obediente de papá.

Él me acarició la cabeza con cariño y preguntó: —¿Qué te pasa? Si estoy justo aquí, delante de ti.

Negué con la cabeza, pero no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas.

Mi madre murió al darme a luz, por un parto complicado, y papá, por mí, jamás volvió a casarse...

Fui la rosa que él crió con sus propias manos; debía florecer con fuerza, pero por un hombre sin responsabilidad me marchité demasiado pronto.

Alejandro no lo merece.

Sonreí y dije: —Papá, creo que tienes razón. Ramiro es mi mejor opción. Elijo casarme con él.

Papá se quedó muy sorprendido y preguntó: —¿De verdad? ¿No decías antes que no te casarías con nadie que no fuera Alejandro?

Negué con la cabeza. Antes de que pudiera decir nada, él preguntó con voz grave: —¿Te hizo algo? ¿Te molestó?

Papá me conocía demasiado bien. Sabía que, sin un motivo de peso, jamás habría renunciado a Alejandro.

Fingí ligereza y respondí: —Simplemente, de repente, dejó de gustarme.

—Soy la hija de Mauricio Bernal, la niña mimada del hombre más rico.

—Quien esté a mi lado debe ser alguien como Ramiro: responsable y con capacidad profesional.

—No alguien como Alejandro...

No terminé la frase; bastó una expresión de desprecio.

Papá sonrió, satisfecho: —Mi hija por fin ha crecido. Al fin tiene buen criterio.

—Hoy mismo hablaré con el padre de Ramiro para cerrar esto cuanto antes.

Dicho esto, se marchó.

Después de que se fue, recibí un mensaje de Alejandro. Me dijo que me preparara, que vendría a buscarme.

Entonces lo recordé: hoy era el cumpleaños de su hermanastra, Paloma López.

Ella nos había citado en el Club Áurea para celebrarlo.

En mi vida pasada, sin saber nada de lo que había entre ellos, hice todo lo posible por complacer a Paloma.

Solo en regalos, cada año gastaba millones de dólares.

Pero antes de morir, en su carta de despedida me insultó, llamándome la tercera en discordia, y por eso sufrí durante mucho tiempo ataques y linchamiento en redes.

Cuando, en realidad, los que me engañaron fueron ellos.

En esta vida, no volveré a enredarme con ellos.

Esta noche era el momento perfecto para cortar toda relación.

Esperé en casa todo el día. Al caer la tarde, Ramiro me llamó de repente.

Atendí. En su voz se notaba cierta tensión: —¿De verdad elegiste casarte conmigo?

Le pregunté con suavidad: —¿No quieres?

Guardó silencio unos segundos antes de responder: —Quiero, solo temo que estés jugando conmigo.

No me preocupaba que me rechazara. En la vida pasada, él me amó como yo amé a Alejandro.

Le dije con seriedad: —No te preocupes. No estoy jugando.

Escuché cómo Ramiro soltaba un suspiro de alivio. Con un tono más suave, dijo: —Ya casi llego. Cuando vuelva, tengo un regalo para ti.

Sabía que estaba deseando regresar cuanto antes. Yo tampoco me hice la difícil y sonreí: —De acuerdo, te espero.

En ese momento, escuché la voz de Alejandro detrás de mí: —¿A quién estás esperando?

Colgué el celular y, al darme la vuelta, vi a Alejandro mirándome con recelo.

Respondí con calma: —A mi prometido.

Alejandro mostró de inmediato una expresión de desagrado: —Isabela, no pienso casarme contigo.

—Si aún te queda algo de dignidad, dile a tu padre que cancele el matrimonio.

Mi corazón se hundió. No era que hubiera malinterpretado mis palabras, era que yo sabía que él también había renacido.

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