—Gracias, Bera.Enzo mostró una sonrisa, pero en el momento en que Bera se dio la vuelta, esa sonrisa desapareció al instante, reemplazada por una expresión sombría.Cuando ambos regresaron a la puerta de la habitación, Natalia acababa de salir.—Natalia, ¿cómo estuvo?Enzo se acercó con apariencia ansiosa: —¿Qué te dijo mi madre?—No mucho, la señora solo estaba preocupada por ti.Natalia habló con una sonrisa: —Dijo que probablemente ya no podrá cuidarte, y pensar en eso la aflige. —En prisión no come ni duerme bien, y su salud se resintió.Al oír esto, los ojos de Enzo se enrojecieron.—Mi madre es así por mí...Se apoyó contra la pared, se frotó los ojos, intentando contener las lágrimas:—Soportó la violencia doméstica de ese hombre, sus insultos, hasta que pude entrar a la universidad...Enzo inspiró hondo, pero no pudo contener el nudo en su garganta: —Natalia, ¿sabes? Mi madre daría todo por mí, no...—Lo sé, lo sé todo.Al ver que no podía continuar, Natalia rápidamente sa
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