—Polo, ¿estás bien?Sania vio que las puntas del cabello de Polo aún goteaban agua, y también tenía el rostro mojado. El agua caía al suelo y empapaba su camisa.Él iba a pedirle que se fuera, pero al levantar la vista, su mirada se posó en la jarra de vino que había dejado junto al ventanal.Su expresión cambió. Pasó de la confusión a la comprensión.Con que era así.Al ver que no hablaba, Sania pasó por su lado, entró al baño y salió con una toalla.Intentó secarle el cabello, pero Polo era demasiado alto. Incluso con tacones, no alcanzaba.Sin más remedio, le tendió la toalla.—Polo, sécate rápido, si te resfrías, será peor.Polo la miró con una frialdad penetrante.Tomó la toalla y dijo con sarcasmo:—Lo que te preocupa no es eso, ¿verdad?—Polo, ¿qué dices?Sania intuyó que algo andaba mal.Pero en apariencia, fingió no entender nada.—Si no me preocupo por tu salud, ¿por qué debería preocuparme?Polo soltó una risa fría.—Sania, es una lástima que no te dedicaras a la actuació
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