Desde que Samuel entró, Natalia había estado hablando con calma.Por la deuda de gratitud de años atrás, no quería romper por completo con él.Pero ahora...Con los ojos enrojecidos, Natalia lo miró:—Samuel, ¿acaso en tus ojos mi vida no es tan importante como la libertad de Diana?—Pero realmente no te pasó nada. —¿Sabes que, si va a juicio, a Diana le darán al menos diez años? —¡Diez años, Natalia! Diana no está sola, tiene a Juan.Con el corazón apenado, Samuel continuó:—Ese niño solo tiene cinco años. —Diez años sin ver a su madre, ¿sabes el daño que le causará? —Si quieres castigar a Diana, ¿por qué arrastrar a un niño de cinco años?—Eso es lo que Diana se merece.Natalia inspiró hondo, reprimiendo la acidez en su corazón:—Crees que diez años es demasiado, ¿verdad?Sin miedo, sostuvo su mirada:—Yo solo pienso que diez años es muy poco.—Si fuera posible, incluso desearía que le dieran cadena perpetua.La ira nubló la mente de Samuel. De repente, alzó el puño.Al siguient
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