Al parecer consciente de que su tono había sido muy fuerte, suspiró y su voz se suavizó:—Natalia, tranquila, es solo que el abuelo acaba de irse, la abuela ya está sufriendo, si se entera de esto, se enojará aún más contigo.Natalia lo miró incrédula.—¿Me estás amenazando?—Natalia, ¿por qué ponerlo tan grave? Samuel frunció el ceño, su gentileza con un dejo innegable.—Solo es una disculpa, no tomará mucho tiempo.—¿Y si no voy?Después de tantos años como abogada, no era la primera vez que la amenazaban, pero sí la primera que Samuel, su esposo, lo hacía.Dentro de su corazón, un dolor agudo.Al verla con los ojos enrojecidos pero aún obstinada, Samuel estaba sufrido algo.—Natalia, si vas al hospital a calmar a Juan, te prometo cualquier cosa, ¿de acuerdo?Natalia alzó bruscamente la vista.Temió no haber entendido bien, preguntó de nuevo.—¿Cualquier cosa?—Sí. Cualquier cosa.Al verla vacilar, Samuel continuó apresuradamente.—Natalia, me duele el corazón por la pérdida de Fres
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