Y entonces se oyó otra voz, un hombre le respondió, tranquilo:—No va a pasar.Yo reconocí la voz de la chica al instante.Era Carmina.Y no sé por qué, en medio de esa oscuridad y ese encierro, me vino a la cabeza una caricatura que veía de niña: una niña, un tigre que bailaba y un oso con su suéter rojo, con ese inicio de siempre, como un mantra: “En cualquier momento, en cualquier lugar…”Dentro del clóset no se veía nada, pero cuando uno no puede ver, el resto de los sentidos se encienden al máximo. El aire se sentía raro, la cercanía pesaba, el silencio se volvía incómodo.Yo levanté la cara, queriendo decir cualquier cosa para romper la tensión, y mis labios chocaron directamente con los del hombre.El mundo se quedó en pausa. Fueron tres segundos de silencio absoluto. Yo, con la cabeza ardiendo, me aparté un poco, pero apenas nuestras bocas se separaron, una mano me sujetó la nuca y un beso agresivo, decidido, cayó sobre mí.Cerré los ojos y me dejé llevar, sintiéndolo de verdad
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