—¡Claro que sí, ya se dará la oportunidad! —respondió Noelia con una sonrisa.Ambos lados de la pantalla fluían en total armonía, mientras Marcos, que sostenía el celular, se quedaba paralizado. ¿Qué estaba pasando?—Noelia, no te quito más tiempo, mejor hablamos con calma cuando nos veamos —dijo Nicolás, despidiéndose.—Está bien, cuelgo entonces. ¡Adiós!—¡Adiós!Nicolás cortó la llamada y giró hacia Marcos, que aún tenía la mirada fija en el celular.—Señor Leiva, ¿ahora sí me cree? ¡Noelia y yo solo somos amigos!Marcos no sabía ni qué decir. El golpe de realidad lo dejó desarmado. Nicolás abrazó a Nina por los hombros y le susurró:—Nina, mi amor, espérame un momento a un lado, por favor. Quiero hablar a solas con el señor Leiva.Al ver que el ambiente estaba tenso, Nina asintió sin hacer preguntas y se retiró con discreción. Una vez que estuvieron solos, Nicolás se acercó a Marcos y lo encaró con firmeza:—Señor Leiva, aquella noche en la posada, el encendedor que se cayó era su
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