De niña, Noelia había aprendido de todo, menos a nadar por su miedo al agua. Al caer al río, se quedó completamente aturdida. De inmediato, sintió que el agua entraba a presión por sus oídos, nariz y garganta desde todas partes.El río corría con más fuerza de lo que recordaba y la arrastró corriente abajo. Por instinto, intentó defenderse manoteando el agua, pero no lograba sujetar nada. Su vestido se empapó y se volvió pesadísimo, como si incontables manos la jalaran hacia el fondo.Alguien gritaba en la orilla, pero se oía lejano y borroso. Intentó gritar, pero tragó una bocanada de agua. Sintió un ardor en la garganta, una dolorosa raspadura de lija. Empezó a perder el conocimiento.La última luz en su mirada se borraba rápido cuando, justo en ese momento, una silueta gris se lanzó al agua desde la orilla. Se arrojó al río sin dudarlo ni un segundo. En cuanto el agua salpicó, Alberto y los demás llegaron corriendo.—¡Señor Leiva! ¡Señor Leiva! ¡Que venga alguien, ayuden a sa
Read more