El cuerpo de Laura se tensó casi imperceptiblemente, pero de inmediato recuperó su actitud sumisa.Dejó el tazón sobre la mesa y, con su vientre ya ligeramente abultado, se agachó. Intentó tomar la mano de Carlos, pero él la apartó con desprecio. Laura, incansable, mostró una sonrisa preocupada.—Sé que sufres, y que me odias. Por mí murió la señora López.—¡Cállate! ¡No tienes derecho a nombrarla!Carlos agarró de golpe la copa vacía y la estrelló contra el piso. Su mirada era sombría, clavada en Laura.Ella, como asustada, se encogió. Con voz quebrada: —Carlos... piensa también en nuestro bebé.Las palabras "nuestro bebé" actuaron como un escudo.Carlos movió lentamente los ojos hacia el vientre de Laura. Su expresión era compleja, como una niebla espesa.La violencia en su mirada cedió un poco, dando paso a la culpa, y luego a un dolor adormecido.Se recostó en el sofá, en silencio.Laura bajó la cabeza. El odio en sus ojos quedó completamente oculto.—Carlos, ya puse en orden lo de
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