A Daniel se le humedecieron los ojos. Contuvo las lágrimas como pudo, alzó la cabeza y le dijo con una sonrisa:—Señorita, de ahora en adelante, sea lo que sea, usted solo deme la orden. No seré un perro, pero sí su sirviente más leal.Vanessa no supo qué hacer con él. Ahora venía con lo del perro y el sirviente.Si fuera una broma, no importaría. Pero ella sabía que Daniel lo decía muy en serio, así que no le quedó más remedio que ponerse firme también.—Daniel, lo nuestro es una relación de jefa y subordinado; en lo privado, somos amigos. De ahora en adelante no vuelvas a hablar así, ¿me escuchas?Vanessa se puso muy severa. Daniel asintió, obediente.—Entendido, señorita.Solo entonces sonrió, satisfecha.—Con que te quede claro, basta. Ahora sal y mándame lo que se habló en la reunión de hoy.Como en la mañana no había ido a la oficina, no podía atrasarse ni un momento con lo que necesitaba saber.Daniel salió a toda prisa, lo organizó todo enseguida y volvió con los documentos en
Read more