El cielo sobre la bahía había comenzado a mudarse de tono desde las primeras horas de la tarde. Las nubes bajas y densas, impregnadas de un color plomo oscuro casi violáceo, descendieron desde el mar abierto hasta amontonarse contra las crestas de los acantilados que resguardaban la casa del puerto. El aire, denso y cargado de una humedad eléctrica, presagiaba la llegada de una de las tormentas más agresivas de la estación.En el embarcadero, Antonio trabajaba contra el tiempo. Llevaba una chaqueta impermeable oscura sobre una camiseta de algodón gris, y el viento, cada vez más enfurecido, le alborotaba el cabello salpicado de canas mientras aseguraba los amarres dobles del velero contra las columnas del muelle. Cada movimiento de su cuerpo reflejaba una fuerza bruta, metódica y precisa; doblaba los gruesos estachas de cáñamo con la destreza de quien conoce al detalle la furia del océano y sabe que no se debe subestimar la fuerza de la naturaleza.Mia bajó corriendo por el sendero d
Last Updated : 2026-09-11 Read more