—¡¿Qué demonios dices?! ¡Me estás humillando! — Ricardo se lanzó hacia ella con la intención de golpearla.Pero los guardaespaldas de Lina lo sujetaron firmemente mientras ella, con una copa de vino tinto en la mano, se lo derramaba sin piedad sobre la cabeza.—Así que tú también sabes lo que es humillación, Ricardo —dijo Lina con frialdad—.—Tú solo pasaste por esto una vez, pero en estos tres años yo lo viví cientos de veces.Sacó un billete de su bolso y lo lanzó sobre él como si fuera basura.—Invitado despedido.Ricardo logró liberarse, se limpió el vino de la cara y miró profundamente a Lina y Alejandro Torres.Sin decir palabra, se marchó. Su espalda se veía más solitaria que nunca.Alejandro, cubriéndole los ojos a Lina, susurró al oído:—No lo mires, debemos planear la siguiente etapa de nuestro viaje.Lina rió suavemente, apretando su mano:—Alejandro, si eres tan atento, empezaré a pensar que solo buscas mi dinero.Él sonrió, dejando que su mirada recorriera su abdomen.—No
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