Desperté con cierto dolor de cabeza. No era muy fuerte; era como una punzada, como una ligera resaca. Laura se había levantado y hacía estiramientos o ejercicios aeróbicos en ropa interior.—Buenos días, Laura.Laura pegó un pequeño brinco y se giró sorprendida.—Buenos días, señora... digo, Natalia —respondió con una sonrisa.Mi rostro se relajó un poco.—¿Qué haces?—En la isla me acostumbré a empezar la mañana con un poco de ejercicio. Entre las mujeres de la isla corría una idea: aquel lugar podía ser un infierno, pero salir de allí podía significar acabar en algo todavía peor. Por eso casi todas cuidábamos nuestros cuerpos para seguir siendo deseables.La justificación me pareció repugnante. No era porque fuera beneficioso para ellas, que obviamente lo era. Era para seguir siendo atractivas para los hombres. Me pregunté qué otras cosas les habrían enseñado a hacer para resultar todavía más atractivas a los hombres. Preferí no seguir por ese camino.—¿En ropa interior?—Sí, solo t
Última actualización : 2026-08-26 Leer más