Solo de pensar en lo que acababa de pasar en el agua, todavía me recorría un cosquilleo por todo el cuerpo, un hormigueo delicioso.Briseida dijo:—Todo es gracias a que mi padrino me enseña tan bien. Cuando tengas tiempo libre, tienes que seguir enseñándome, ¿eh?Cuando habló, parpadeó de esa manera que ya conozco, y supe que ella también había disfrutado muchísimo ese roce, que quería más de esa cercanía tan íntima.Lo que me tenía intrigado era por qué una chica tan guapa como ella, que seguro tenía a un montón de hombres alrededor, se fijaba en mí.¿De veras tendré algún encanto especial que ni yo mismo conozco?Entre más se acercaba, más sentía que detrás de todo esto había algo que no me estaba contando.Por la tarde seguimos jugando en la alberca.Briseida y yo nos tocábamos cada vez más seguido. Cada vez que le tomaba la cintura o le pegaba la espalda para corregirle la postura, parecía algo calculado, como si me estuviera probando poco a poco.Se acercaba con la excusa de apre
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