Camila tuvo un mal presentimiento e instintivamente quiso escapar.Sin embargo, apenas se dio la vuelta, Rafael cerró la puerta detrás de ella.La levantó en brazos y, aunque Camila forcejeó con todas sus fuerzas, terminó arrojándola sobre la cama.Camila se aferró al cuello de la blusa, con los ojos enrojecidos y la mirada llena de cautela.Al verla así, Rafael no pudo evitar reírse.—Mientras sigamos casados, sigues siendo mi esposa.Ante los ojos de Camila, Rafael parecía una bestia hambrienta.Ella lo vio quitarse el saco y después la camisa.—¡No quiero acostarme contigo! ¡No puedes obligarme!Camila gritó con todas sus fuerzas, pero la voz le salió temblorosa y quebrada por el miedo.Rafael se abalanzó sobre ella.—Claro que puedo.Camila parecía un animal acorralado.Todo su cuerpo temblaba mientras se encogía sobre sí misma, y hasta los dedos de los pies se aferraban con fuerza a las sábanas.Durante los tres años de matrimonio, ella siempre había sido muy complaciente en la in
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