—Mami, tenemos hambre.Tres bebés me miraban con ojos claros, sus voces tan suaves y dulces como caramelos. Pero la escena era simplemente demasiado extraña. Tres minutos antes, eran cachorros de lobo.—¿Cómo... cómo se convirtieron en humanos?—Es fácil —dijo uno de los pequeños, ladeando la cabeza—. Solo lo pensamos y sucede.Mientras hablaba, parpadeó volviendo a ser un pequeño lobo peludo y luego regresó a su forma de bebé humano.—¡Ves!Todo mi mundo se desmoronó. Durante los días siguientes, descubrí que no solo podían cambiar de forma a voluntad, sino que también crecían a un ritmo alarmante. El primer día parecían recién nacidos. Para el tercer día, podían hablar con claridad. Para el quinto día, podían correr y saltar. Y comían una cantidad aterradora de comida.—Mami, ¿hay más carne? —el mayor, a quien llamé Leo, me miró con ojos esperanzados.Miré el plato vacío. Era su quinta ración de carne de res.—Eso es todo lo que hay —dije con impotencia—. Esta es la ración
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