Una sonrisa triunfante se extendió por el rostro de Julian.—¿Últimas palabras, hermano? —sacudió la cabeza con una tristeza fingida—. Qué lástima. El gran Alfa de la familia Blackwood, derribado por una mujer humana.Las esposas del oficial flotaban sobre las muñecas de Killian. Todos contuvieron el aliento, esperando este momento histórico. Pero entonces, Killian se rió. Fue una risa fría e inquietante.—Julian, ¿realmente crees que has ganado?—Por supuesto —dijo Julian, engreído—. La evidencia es innegable. ¿Qué más puedes decir?—¿Evidencia? —Killian sacó un dispositivo de grabación de su bolsillo—. ¿Te refieres a esta evidencia?Presionó reprodicir. La voz de Julian llenó la sala, nítida y clara: —Una vez que Killian se haya ido, la posición de Alfa será mía. La organización de cazadores humanos ofrece un buen precio. Un millón por cada cachorro de hombre lobo. Tenemos que arruinar la reputación de Killian por completo. Sería mejor si desapareciera sin dejar rastro.
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