Elena siempre había creído que irse era una forma de poder.Una elección. Una declaración. El momento en que das la espalda y dices: Merezco algo mejor que esto. Pero nadie te dice que, a veces, irse no te libera… te persigue.Durante meses después de alejarse de Liam, años atrás, se repitió que era necesario. Que el amor no bastaba, que el tiempo había sido cruel, que la vida tenía planes más grandes para ella que ser el “casi” de alguien. Pero el tiempo, resulta, no lo cura todo. A veces solo reordena el dolor hasta que parece más bonito.Ahora, años después, había vuelto. No porque quisiera recuperar lo perdido, sino porque necesitaba entender por qué aún dolía.La mañana después de la lluvia, Elena volvió a sentarse en el café. La misma mesa de la esquina. La misma taza astillada con la tenue marca de lápiz labial que una vez le había bromeado a Liam. La misma canción zumbando suavemente por los altavoces, aunque ahora la letra pesaba más.Removió el café despacio, con las manos t
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