Algunas mañanas comienzan en silencio.Ese tipo de silencio que no te exige nada; simplemente está ahí, como un viejo amigo que sabe que no debe hablar primero.Así empieza esta.El cielo aún tiene sueño, medio despierto y pintado de un gris suave, de ese que huele a lluvia antes de caer.Amara está de pie junto a la ventana, taza en mano, observando cómo la ciudad respira. Es extraño —piensa— cómo la sanación no llega como un trueno. No irrumpe con ruido ni fuegos artificiales. Se filtra en silencio a través de la rutina, del tiempo, de aprender a existir de nuevo sin ensayar el dolor.Está mejor ahora. No completa, no todavía. Pero mejor.Sus días han recuperado el ritmo: mañanas en el café, tardes enseñando, noches envueltas en la tranquila compañía de sus propios pensamientos.Y aun así, hay momentos. Pequeños, inesperados, en los que lo siente.Liam.Una sombra que cruza un recuerdo. Un nombre atrapado entre respiraciones.Ya no lo busca. Pero a veces, el universo insiste en habl
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