Una semana después,Una lámpara de araña de cristal colgaba en el centro del camerino, iluminando todo el espacio.Yvana estaba sentada frente al tocador. Una brocha angular para rubor acariciaba sus mejillas. Dos maquilladoras permanecían a sus lados: una se encargaba de su maquillaje mientras la otra peinaba su cabello.—Dense prisa —dijo la señorita Frenzo, con la vista fija en su tableta.Las maquilladoras asintieron.En ese momento, unos suaves golpes sonaron en la puerta.—¿Quién es? —preguntó la señorita Frenzo, sin apartar la mirada de la pantalla.No hubo respuesta.La puerta se abrió.Axel.La señorita Frenzo levantó la cabeza de golpe.—¿Qui...?La palabra apenas salió de sus labios.—Axel Royce... —murmuró.Bajó lentamente la tableta.—Lo siento muchísimo, señor —dijo mientras se apresuraba a acercarse.Axel apenas la reconoció con un vistazo mientras caminaba hacia Yvana.Las maquilladoras se hicieron a un lado, todavía con las brochas en las manos.Mientras todos notaban
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