Doce años atrás, cuando la vida todavía sabía a juventud, a campus soleado y a promesas que parecían eternas, la Universidad de Tokio respiraba el aire dulzón de San Valentín. Era una tarde tibia, cargada de la emoción torpe que flotaba cada catorce de febrero: intercambios de chocolates, risas nerviosas, olor a café saliendo de las cafeterías, grupos de estudiantes corriendo con cajas envueltas en papel brillante, buscando el valor para declararse.Entre todo ese alboroto caminaban dos figuras que detenían miradas. Seiya Kurosawa, de dieciséis años y tercer año universitario, era la viva imagen del caos magnético que era tener un enigma en plena adolescencia, con ese brillo insolente de quien sabe exactamente el efecto que produce sin haber pedido producirlo. A su lado, Seraphine Fraser de dieciocho años, como estudiante de intercambio desde Edimburgo, llevaba el cabello rojizo llameando con la luz de la tarde y los ojos verdes divertidos incluso cuando suspiraba, como hacía desde ha
Última actualización : 2026-09-24 Leer más