Ximena estaba en su oficina, marchando de un lado a otro, entonando palabras, con un discurso que tachaba frases y agregaba otras, cuando una voz la asustó: —Hola, mi amor—, se trataba de Ángelo, quien la sorprendía con otro ramo de flores. Qué creativo; es de sabios no repetir regalos; eso puede dar lugar para que le coloquen el apodo de regala flores, por ejemplo, don floripondio.—Amor, qué sorpresa, es que estoy aquí muy estresada con este discurso, no sé ni que decir.—Mi Ximena, tú ensayas mucho y al final ni siquiera lees esa hoja con tantos tachones.—Es que no sé por qué siempre se me pierde, es una coincidencia.—Aunque te ves muy estresada, ven, te hago un masaje.—No, mi amor, sé en qué terminan tus masajes.Como todo hombre no se amilanaba ante una negativa, hizo como si no la escuchara y le sobó los hombros, haciendo que se moviera como una gata en celo, ronroneando: —Ay, amor, no, en serio que no.Y en su mente completaba las frases: —No, no pares.Le fue masajeando la
Last Updated : 2026-03-17 Read more