El patio se había convertido en un torbellino de caos y sangre, el aire espeso con los sonidos de guerreros chocando y los aullidos de los moribundos. Pero en el centro de todo, dos Alfas se enfrentaban, sus ojos fijos en una batalla de voluntades que determinaría el destino de cada lobo en la fortaleza.Alejandro se paró sobre Varick, su pecho subiendo y bajando, su pelaje manchado de sangre, tanto suya como de su enemigo. Sus garras estaban extendidas, sus ojos ardiendo con una fría furia que no había disminuido a pesar de las heridas que había sufrido. El vínculo con Isabella latía en su pecho, una corriente constante de poder que amplificaba su fuerza, su velocidad, sus sentidos. Podía sentir su presencia, su amor, su determinación. Estaba con él. Siempre estaba con él.Varick yacía en el suelo, su cuerpo roto, su fuerza agotada. Las heridas que Alejandro le había infligido eran profundas, la sangre fluyendo libremente, manchando la piedra debajo de él. Miró a Alejandro, sus ojos
Última actualización : 2026-09-23 Leer más