Esa noche, Marina ya no habló con Efráin; su cuerpo había tenido suficiente y, sin querer, se quedó completamente dormida. Tan pronto como los primeros rayos de luz se colaron por la ventana, ella abrió los ojos; al hacerlo, se topó con Ofelia. La mujer lucía preocupada, pero al verla despertar, se notó como si su alma regresara al cuerpo.—¡Mi niña! ¿Cómo estás? —dijo la mujer levantándose del sofá para acercarse.—¡Ofelia! ¡Mis niñas! ¡Mis chiquitas! ¿Cómo están? ¿Dónde están?—¡Tranquila, mi niña! Llegué por la noche; las niñas vienen hoy a verte. Sebastián no quiso que ellas viajaran de noche, por eso solo me mandó a mí.—¡Sebastián! ¿Cómo está él? ¡Dime, por favor, que está bien!—¡Sí, mi niña! Él está bien, dice que hierba mala nunca muere…—Ofelia, mis niños, mis chiquitos, ellos están… —dijo Marina con lágrimas en los ojos.—¡Sí, mi niña! Pero están bien; los médicos dicen que, a pesar de todo, muestran buena respuesta.—¡Sí, pero…! Ellos no deberían estar pasando por esto, nin
Última actualización : 2026-08-27 Leer más