El sonido de los gemidos del sicario atrapado bajo los hierros del polispasto se mezclaba con el eco de la lluvia que se filtraba por las goteras de la imprenta. Daniel no perdió el tiempo contemplando su victoria. Sabía que el disparo de la escopeta y el estrépito del metal habrían llamado la atención en el vecindario industrial. El refugio estaba quemado.Con las manos temblando por la adrenalina, se acercó a la camilla de Elena. El respirador rítmico seguía funcionando, pero la batería de reserva del monitor portátil indicaba que solo le quedaba una hora de autonomía. Si la movía bruscamente, corría el riesgo de que la vía intravenosa se soltara o de que sus pulmones colapsaran debido a la fiebre alta que aún consumía su cuerpo.—Lo siento, Elena, pero tenemos que salir de aquí ya —susurró Daniel, cerrando las llaves de paso de los viales y desconectando los tubos de fijación a la mesa de corte.Con un esfuerzo supremo, el médico levantó el cuerpo de la joven en brazos, cuidando de
Terakhir Diperbarui : 2026-06-05 Baca selengkapnya