En la sala principal de juntas, el aire olía a café frío y tensión acumulada. Llevaban más de tres horas de un pulso implacable. Burak Köksal, flanqueado por el equipo legal y el de finanzas, mantenía la mandíbula tensa. Aunque su especialidad natural era la diplomacia corporativa, llevar el apellido de Aras exigía un dominio absoluto de la administración; sin embargo, responder por los huecos contables de los últimos tres años, la oscura herencia de los tíos, se sentía como caminar sobre un campo minado. A pocos metros, pero en un mundo completamente distinto, Melani permanecía aislada en su despacho, ajena al desgaste exacto de la junta. Frente a ella se extendían tres pantallas táctiles que proyectaban el pulso logístico del imperio. En la primera, el monitor del puerto de Ambarlı mostraba las salidas regulares de los clientes veteranos de Francia, Italia, Rumanía y Bulgaria, además del nuevo pez gordo que acababan de asegurar tras la boda: las exportaciones hacia Alemania.
Última actualización : 2026-08-19 Leer más