Media hora más tarde, el goteo del suero vitaminado llegó a su fin en la habitación de Fatma. La enfermera de guardia retiró la vía, comprobando que la presión arterial de la matriarca se había estabilizado por completo. —Listo, Hanımefendi. Ya puede incorporarse si se siente con fuerzas —anunció la asistente, acomodando la bandeja. Fatma se sentó al borde de la camilla con fría elegancia, alisándose la falda del traje. No necesitó invocar a nadie; la tensión en el pasillo era un secreto a voces y sus hermanas aguardaban por su alta momentánea. Al abrir la puerta, el clan se giró al unísono. Burak y Emre, se apresuraron a dar un paso al frente. —Fatma, gracias a Dios ya estás mejor —exclamó Suna con tono aliviado—. Ven, nosotras te acompañamos. La pequeña Elif... La matriarca levantó una mano, deteniéndolas en seco con la autoridad incuestionable de su mirada. Su mandíbula estaba tensa, pero sus ojos delataban una curiosidad feroz que se negaba a admitir en voz alta.
Última actualización : 2026-09-01 Leer más