Observaba mi reflejo en el espejo de cuerpo entero del gimnasio de casa, dudando ya de toda esta idea. El sujetador deportivo negro y los leggings de talle alto se ceñían a mis curvas —mi vientre blando, mis muslos gruesos, mis pechos generosos—, pero precisamente por eso estaba allí. Seis meses después de la ruptura, quería volver a sentirme fuerte. Segura de mí misma. Dueña de la situación.O al menos eso fue lo que me dije cuando reservé las sesiones privadas con Jax Rivera.Él estaba de pie al otro lado del suelo negro mate, con los brazos cruzados sobre su enorme pecho, observándome con unos ojos oscuros y escrutadores. A sus treinta y dos años, Jax parecía esculpido en piedra: hombros anchos, abdominales marcados visibles bajo una camiseta de tirantes negra y ajustada, brazos poderosos cubiertos de tatuajes y piernas como troncos de árbol. Llevaba el pelo negro corto, la mandíbula bien definida y aquellos ojos color avellana no pasaban nada por alto.—Sophia —dijo con voz grave
Last Updated : 2026-09-21 Read more