El miércoles transcurrió con la precisión de una maquinaria bien meditada. Fiel a su palabra, Raúl no bajó a la distribuidora corporativa de la ciudad y prefirió despachar los asuntos del consorcio desde la oficina del rancho. El amplio despacho de la casa grande, con sus paredes cubiertas de libros de contabilidad, títulos de propiedad e historia agropecuaria de Jalisco, se convirtió en el centro neurálgico donde el hacendado coordinó las compras de insumos y los contratos de exportación para el siguiente trimestre.A media mañana, el sonido suave de la puerta de madera interrumpió la revisión de un contrato de arrendamiento de tierras. Era Emma, quien asomó la cabeza con timidez, seguida de cerca por doña Marta.—Patrón, disculpe la interrupción —dijo la empleada desde el pasillo—, la niña insiste en enseñarle algo que encontró en el jardín.Raúl dejó la pluma estilográfica sobre el escritorio, se quitó las gafas de lectura y recargó la espalda en el sillón de piel.—Pasa, Emma.La
Last Updated : 2026-08-12 Read more