Me llamo Raúl Mendoza, tengo veinticinco años y estoy casado.Últimamente estaba muy frustrado, porque mi mujer, pequeña y delicada, no podía con mi hombría, tremenda como la de pocos.Y encima yo siempre estaba con ganas; un día sin coger y ya me sentía mal.Cada vez terminaba como si la estuviera forzando, cogiéndomela hasta que ponía los ojos en blanco, y apenas así quedaba medio satisfecho.El resultado fue que en menos de un mes, tenía los labios hinchados.Hasta llegó a enterarse mi suegra, Marisol Ibarra.Marisol era mi jefa directa, y fue ella quien me presentó a mi mujer.Al principio pensó que yo era un patán y salió a defender a su hija, pero cuando se enteró de la verdadera razón, ya no sabía ni cómo mirarme a la cara.Ese día estaba en la oficina pensando en cómo mejorar las técnicas con la boca de mi mujer, cuando sonó el celular.Era Marisol, que me pedía ir a verla.Toqué la puerta, escuché un “adelante” desde adentro y giré la manija.Lo primero que vi fue a Marisol co
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