Cuando Mariana despertó, tenía la cabeza pesada y el cuerpo adolorido, como si hubiera peleado con alguien.Con los ojos aún cerrados, estiró los brazos. Al extender la mano, tocó una piel tibia y firme.Abrió los ojos.A su lado, un hombre yacía de costado, de complexión fuerte y definid.El sobresalto la despejó al instante. Se incorporó de golpe.La cobija se deslizó, dejando al descubierto su hombro desnudo. Bajó la mirada... y su mente se quedó en blanco. Se envolvió con rapidez, cubriéndose con torpeza.Al mismo tiempo, el hombre se despertó por el movimiento. Giró lentamente hacia ella, la miró apenas con los ojos entrecerrados y esbozó una sonrisa ladeada, salvaje, desafiante.—Buenos días.Su voz, ronca y perezosa, encajaba con su aire relajado.—¿Emiliano?Las pupilas de Mariana se contrajeron. Su cuerpo retrocedió por instinto.Al mirar ese rostro, sereno en apariencia, recordó que él nunca había sido realmente suave.Bajo esa fachada fría y contenida, seguía teniendo e
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