Alonso suspiró, impotente.—Emiliano, deja de meter ruido.Los labios de Mariana se movieron levemente. Si no fuera porque temía que Emiliano siguiera enredando las cosas, casi habría querido decir la verdad sobre lo que había entre ellos, para que Alonso rompiera el compromiso por su cuenta.—Tengo a dónde ir. No hace falta que se preocupen por mí.Pasó junto a Emiliano y bajó las escaleras sin detenerse. Escuchó pasos detrás, pero no volteó.Al salir, estaba por pedir un taxi cuando una mano le arrebató el celular desde atrás.Emiliano presionó el control de su carro.—Súbete. Te llevo.Mariana lo pensó un momento, le pasó la maleta y le dio la dirección de la casa de Brisa antes de sentarse atrás.Durante el trayecto, casi no hablaron.Emiliano parecía de buen humor; había un brillo de satisfacción en sus ojos. Mariana no pudo evitar pensar que estaba disfrutando la situación.Que ella hubiera roto con Alonso... era justo lo que él quería.Al llegar, Mariana sacó la cartera, tomó
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