Arya.—¡Te lo juro, Arya! Su mano oprimía mis dedos. Papá me escuchaba.—Te creo, vamos a la mansión.El regreso fue un silencio total, Celeste se recostó en mi hombro y se quedó dormida en poco tiempo. Yo le acariciaba el cabello con suavidad, mirando por la ventana la cola de vehículos en la autopista. En mi mente todavía retumbaba la última discusión que había tenido con Gael. Un sabor amargo invadió mi boca.Respiré profundo, no solté ni una lágrima, pero sentía un gran escozor en los ojos.Me tocaba el vientre, sintiendo esa pequeña vida que crecía ajena al infierno que me rodeaba, al nido de víboras que nos esperaba al cruzar las rejas de la mansión Altamirano. Cuando la camioneta se detuvo en la entrada principal, el chofer corrió a abrirme la puerta. Desperté a la niña, quien se levantó adormilada, me sonrió, Celeste es el único motivo que tengo para no mudarme a mi departamento. Nada más cruzar el umbral ya sentía que el ambiente se ponía pesado. Olía a traición, a men
Last Updated : 2026-07-14 Read more