Un mes después, estaba de pie en la terminal del aeropuerto, con el boleto a Zambala apretado entre los dedos.James llegó arrastrando la maleta y me miró en silencio.—¿Ya lo decidiste?Asentí y le mostré el boleto.Él sonrió, y aquella sonrisa brilló más que nunca.El anuncio de abordaje sonó por los altavoces, y los dos avanzamos juntos hacia la puerta de embarque.Fue entonces cuando, a mis espaldas, resonaron unos pasos apresurados.—¡Señorita Valentino!Me di la vuelta y vi a Tony corriendo hacia mí, jadeando, con el rostro desencajado por la angustia.—¡No puede irse! El señor… él…Lo miré con calma.—¿Qué pasó con él?Los ojos de Tony se enrojecieron.—El señor… intentó suicidarse. Anoche, en la habitación del hospital, se cortó las venas con una hoja que había escondido. Por suerte, una enfermera lo encontró a tiempo y lograron salvarlo, pero perdió demasiada sangre y sigue inconsciente.Lo escuché sin que nada se moviera dentro de mí.—Señorita, por favor, vaya a verlo—rogó T
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