Esa noche, la suntuosa residencia de la familia de Ana se sentía más gélida de lo habitual.Las arañas de cristal del salón principal proyectaban una luz tenue, trazando alargadas sombras sobre el reluciente suelo de mármol blanco. Las tupidas cortinas color crema permanecían cerradas por completo, impidiendo el paso de la claridad exterior. La atmósfera en el interior de la casa era densa, tensa, presagio indudable de una tormenta inminente.Ana había recibido el alta hospitalaria dos días atrás. Su cuerpo continuaba debilitado, pero su espíritu empezaba a erguirse. Isabella, su diminuta bebé, dormía plácidamente en el dormitorio infantil del segundo piso, bajo el cuidado de la niñera contratada por Don Carlos.Ana permanecía sentada en el sofá de la estancia, vistiendo un holgado y cómodo vestido azul claro. Su hermoso rostro conservaba la palidez y sus ojos azules lucían apagados por la falta de sueño y la abundancia de lágrimas. Sin embargo, en su mirada destellaba algo distinto:
Última atualização : 2026-07-22 Ler mais