Marco caminó rápido hacia mí y me sujetó la mano con nerviosismo.—Anna, no lo malinterpretes. Solo estábamos jugando, yo…Lo interrumpí con una sonrisa.—Tranquilo, no pasa nada. Confío en ti.Se quedó sin palabras. Luego, algo alterado, me rodeó los hombros con el brazo.—Ya, tranquilos. Si asustan a mi mujer, no se los voy a perdonar.Sofia, con un vestido ajustado de tirantes que se ceñía a su figura, caminó hacia nosotros balanceándose con elegancia.—Cuánto tiempo sin verte, Anna. Escuché que te vas a casar. Felicidades. Qué suerte tienes, encontraste a un hombre que te ama… a diferencia de mí.Yo todavía no había abierto la boca cuando Marco soltó de inmediato:—¿Quién dijo que nadie te ama?Sofia se cubrió la boca y dejó escapar una risa ambigua.Se hizo un silencio incómodo, pero enseguida alguien, con el suficiente tino, cambió de tema y todo continuó como si nada.Marco me miró con tensión, como si quisiera explicarse, pero a mí ya no me importaba.Ignoré su expresión vacila
Read more