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El Don Me Traicionó y Me Perdió
El Don Me Traicionó y Me Perdió
Author: LL

Capítulo 1

Author: LL
—Mamá, acepto el matrimonio por alianza familiar.

La sala estaba completamente a oscuras. Mi voz salió suave, pero en el silencio de la noche sonó extrañamente clara, casi sin emoción.

Al otro lado de la línea, la voz de mamá se llenó de alegría al instante.

—Así me gusta. No te preocupes por la boda; tu padre y yo nos encargamos de todo. El hombre que elegimos para ti seguro te va a gustar, y te garantizo que tanto él como su familia son de primera. Porque mi hija merece lo mejor.

—Gracias, mamá.

—Cariño, feliz cumpleaños. Ah, y no te olvides de despedirte bien del Don de la familia Rossi. Todos estos años en Aetheris, te ha cuidado mucho. Cuando te cases, asegúrate de invitarlo a la boda.

Guardé silencio unos segundos antes de responder:

—Está bien.

En ese momento se oyó ruido en la entrada y, al instante, se encendieron las luces de la sala.

Cuando Marco me vio en casa, se quedó sorprendido un momento. Luego sonrió, caminó hacia mí y me envolvió en sus brazos.

—¿Quién te hizo enojar, amor?

Me rozó el cuello con la nariz e intentó besarme.

Yo giré el rostro para esquivarlo.

—Hueles a whisky. Ve a bañarte primero.

Me apretó la mano con suavidad.

—Está bien, todo como tú digas, amor. Voy a bañarme y a dejarme impecable.

Pero cuando estaba por levantarse, pareció recordar algo.

—Por cierto… ¿con quién hablabas?

Lo miré a los ojos.

—Con mi mamá.

Su expresión se suavizó. Luego se giró, tomó un collar de rubelita y me lo puso al cuello.

—Desde que vi este collar, supe que era para ti. Amor, cuando te lo pongas con tu vestido de novia, te vas a ver preciosa. No sabes cuánto espero nuestra boda.

Con la mirada fija en mi reflejo inexpresivo, esbocé una sonrisa amarga.

No va a haber boda, Marco. Tú y yo no vamos a casarnos.

El celular que había dejado sobre la mesa de centro vibró de pronto.

No pensaba mirar, pero al ponerme de pie, alcancé a ver el nombre del contacto: Sofia.

"Marco, Luca quiere terminar conmigo. Ya no me quiere. ¿Qué hago? Te necesito."

Sentí que se me helaban las manos y los pies al instante. Hasta se me cortó la respiración por un segundo.

Cuando Marco salió del baño, yo estaba sirviéndome agua.

Como siempre, tomó el celular casi por inercia. Pero en cuanto vio el mensaje, se le ensombreció el rostro.

Corrió de inmediato al cuarto a vestirse. Él, que siempre había sido impecable hasta en el más mínimo detalle, ni siquiera se dio cuenta de que se había abotonado mal la camisa.

Solo al llegar a la puerta pareció recordar que yo seguía de pie junto a la mesa, sin decir una sola palabra.

Volvió hacia mí con rapidez.

—Amor, surgió un asunto urgente en la familia. Tengo que irme ahora mismo. No me esperes esta noche.

Después de decir eso, me besó la frente con aire distraído.

La puerta se cerró de golpe y la casa quedó sumida en un silencio sepulcral.

Bajé la mirada hacia el agua que había derramado sobre la mesa, saqué una servilleta y la limpié con cuidado.

Luego me senté en el sofá. La servilleta de papel en mi mano terminó arrugada. En mi cabeza se repetían una y otra vez aquel mensaje hiriente y la expresión alterada de Marco.

Así que, al final, todo seguía girando en torno a Sofia, la mujer que me hizo pasar tres años de idas y vueltas con Luca.

Y ahora también iba a arrebatarme a Marco.

Solté una sonrisa amarga y negué con la cabeza, burlándome de mí misma.

Tal vez todo esto no era más que una broma cruel del destino.

Mamá tenía razón: yo sí merecía lo mejor. Pero esa persona nunca fue Marco, y mucho menos Luca.

No sabía cómo sería el hombre con el que papá había pactado mi matrimonio.

Pero había algo que sí tenía claro: al menos no se acercaría a mí por interés, como hizo Marco, ni me dejaría agotada y destrozada, como hizo Luca.

Respiré hondo, me sequé las lágrimas de los ojos y caminé hacia la cocina.

Ya no falta mucho. Muy pronto todo esto se va a acabar.

Me acerqué al refrigerador y saqué un pastel de cumpleaños. Encendí las velas y, antes de la medianoche, pedí un deseo con toda el alma.

—Feliz cumpleaños… para mí.
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