Cuando llegué a la mañana siguiente, el señor Harrison no estaba a la vista por la casa principal, así que me limité a cuidar de la bebé como de costumbre. Le di el biberón a Maya y la mecí hasta que se le cerraron los ojitos, pero no podía dejar de darle vueltas a la forma en que me miraba; a veces era pura lujuria y otras, simplemente se mordía el labio y salía de la habitación sin articular palabra. —No, no, concéntrate —me susurré a mí misma, sacudiendo la cabeza mientras acostaba a la niña en la cuna. Tenía que centrarme. Solo necesitaba pedirle lo que hacía falta para la pequeña y, como nos habíamos quedado sin pañales y toallitas, salí de la habitación y me fui por el pasillo en silencio hacia su dormitorio. Al llegar, la puerta estaba entreabierta. Pensando que estaría sentado en el escritorio, entré sin llamar. En cuanto puse un pie dentro, se me cortó la respiración al oírlo gemir mi nombre en alto. —¡Lily! ¡Ah, joder, Lily...! —gimió con fuerza, con la voz tomada
Last Updated : 2026-07-29 Read more