Apenas Melisa se hubo ido, Lara empezó a quejarse de inmediato:—Daniel, me palpita el corazón, tengo el pecho muy oprimido, no puedo respirar.Daniel se acercó y se arrodilló frente a ella con expresión preocupada:—¿La medicina? ¿La trajiste?Lara señaló su bolso, que estaba no muy lejos:—Sí, está en el bolso.Daniel fue rápidamente, sacó con habilidad el pastillero del bolso, extrajo una pastilla y se la llevó.Lara no la cogió. Empezó a mimarlo:—Daniel, dame tú de beber.Daniel frunció el ceño:—Lara, ya te dije que no es bueno que estemos tan cerca.Lara se llevó la mano al pecho, con expresión de dolor:—Pero, Daniel, de verdad tengo el pecho muy oprimido, yo...Daniel, sin alternativa, le puso la pastilla en la boca y luego le acercó un vaso de agua tibia a los labios.Lara tragó la pastilla obedientemente.Cerró los ojos y dio unas palmaditas en el espacio vacío del sofá:—Daniel, me duele mucho la cabeza. —El otro día, en la playa, alguien me tiró al mar y todavía me duele
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