En ese instante, sentí como si me hubieran vaciado encima una cubeta de agua helada. Todo el cuerpo se me entumeció.Era como si me hubieran arrancado un pedazo del pecho, dejando en su lugar un vacío sofocante imposible de describir.Jamás imaginé que encontraría a Daniela ahí.En realidad, desde hacía tiempo había notado que últimamente se comportaba de manera extraña y, en el fondo, sospechaba que algo no estaba bien.Sin embargo, prefería seguir confiando en ella y me negaba a creer en mis propias sospechas.Incluso cuando me dijo que tenía una reunión en la universidad, instintivamente busqué razones para justificarla.Pero ahora Daniela, quien se suponía que debía estar en la universidad, se encontraba en aquel lujoso restaurante.Aún llevaba el maquillaje discreto de esa mañana y vestía de manera madura y sensual.Tenía las comisuras de los labios ligeramente levantadas.Aunque nos separaba cierta distancia, podía ver con claridad la dulce sonrisa de su rostro.Era una sonrisa c
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