Lautaro era alto y corpulento. Su piel morena y aquel aire feroz hacían que pareciera un enorme oso negro, y su sola presencia resultaba intimidante.Frente a él, el rostro del policía se fue poniendo cada vez más pálido, e incluso empezó a temblar ligeramente.Quienes alcanzaban cierto rango dentro de una organización criminal a veces no tomaban demasiado en serio a los policías comunes.Sin embargo, nadie que llegara a ocupar una posición importante era tonto. En circunstancias normales, evitaban enfrentarse abiertamente con la policía. Por el contrario, de cara al público solían guardar las apariencias y tratarlos con respeto, mientras que en privado mantenían contacto frecuente e incluso relaciones bastante cercanas.Claro que nada de eso podía salir a la luz.Lautaro era, sin duda, uno de los hombres más importantes de Los Pelones del Centro.Un policía cualquiera no tenía suficiente peso como para pedirle un favor. Como mínimo, tendría que intervenir alguien de alto rango dent
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