Se acabó... ahora sí me iba a ir mal.Si Renata, con lo estricta que era, me había puesto en la mira, seguro no salía bien parado.—Maestra Renata, esto no fue culpa de Ignacio. Fueron ellos tres los que empezaron a provocar. Si no me cree, mire esto... —dijo Paula, señalando los papeles sobre mi pupitre.Renata entrecerró los ojos.Miró los papeles.Su expresión se volvió aún más seria.—Entiendo. Me encargaré de esto —dijo con frialdad—. Ignacio, ven conmigo a la oficina.No tuve más remedio que seguirla, cabizbajo.Hasta que llegamos. La puerta se cerró y, en cuanto lo hizo, la tensión en su rostro desapareció. En su lugar, apareció una preocupación evidente.—Ignacio, ¿cómo está tu brazo? ¿Quieres que vayamos al hospital a que te hagan una radiografía? —preguntó con urgencia.No intentaba ocultarlo, estaba realmente preocupada.Había decidido que, pasara lo que pasara, solo serían maestra y alumno... cuñado y cuñada. Nada más.Entonces, ¿por qué le preocupaba tanto?¿Por qué ese
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