La mirada de Cristina se tornó todavía más desagradable, como si me estuviera viendo a mí, un completo desecho.Con voz baja y firme, me dijo:—Ven conmigo.Pero en ese momento no tenía ánimos de hacerle caso. La miré de reojo y dije con desprecio:—Esto no tiene nada que ver contigo. No te metas.Esas palabras hicieron que Cristina temblara de ira.—Ignacio, ¿qué te pasa? ¿¡Cómo me hablas así!? Ven a la dirección escolar.Estaba furiosa. Se lanzó hacia mí, sujetó mi brazo y trató de arrastrarme.Aprovechando ese momento, Abril y Mateo, junto con los demás, salieron rápidamente de la escuela y, en la puerta, llamaron a un taxi.Al ver que estaban a punto de irse, no podía quedarme quieto. Empujé a Cristina con fuerza. Su cuerpo no resistió y cayó de sentón al suelo.Su pecho se movió violentamente, y sus piernas, firmes y bien formadas, envueltas en medias blancas, llamaban la atención.Aquella escena hizo que varios chicos alrededor no pudieran apartar la mirada.El rostro hermoso
더 보기