En una situación como aquella, no había palabras más conmovedoras que esas.Renata se sostuvo con una mano mientras una de sus piernas, blanca y suave, rozaba lentamente contra mí, estimulando mis sentidos una y otra vez.Cuando sintió que ya era suficiente, se incorporó, me dirigió una mirada y luego bajó la cabeza.Aspiré bruscamente entre dientes.Apoyé ambas manos detrás de mí mientras mi expresión se volvía cada vez más extraña.El sexo podía sentirse increíble, pero dejarse atender así por una mujer, sin tener que hacer nada más que disfrutar, también resultaba extremadamente placentero.Con cada movimiento de Renata, mi expresión cambiaba constantemente.Comparada con Daniela, Renata era claramente mucho más hábil.Aunque tampoco habíamos tenido demasiadas experiencias juntos, parecía tener un talento natural para ese tipo de cosas.Sabía perfectamente qué hacer para hacerme sentir mejor y cómo llevar al límite tanto el placer físico como la excitación que despertaba en mí.Su l
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