Esbocé una sonrisa con dificultad.—Mejor dejémoslo así. Si de verdad quisiéramos hundirlo en el río, tendríamos que amarrar a más de diez personas. Sería demasiado trabajo.Al escucharme, Javier, que estaba a mi lado, se estremeció visiblemente.Después de todo, Tobías como mucho solo quería acabar con Facundo. Pero mis palabras sonaban como si también hubiera incluido a todos sus hombres en la cuenta.Cuando volvió a mirarme, su expresión había cambiado por completo.Supuse que, a sus ojos, yo ya me había convertido en un loco incluso más peligroso que Tobías.Tobías soltó un bufido.—Mejor no. No trajimos tanta cuerda.Luego miró a sus hombres.—Recojan todo y vámonos. Ustedes dos, rómpanle también los dos brazos.Después de dar la orden, me sostuvo y me ayudó a caminar hasta el carro.Detrás de nosotros no tardaron en escucharse los gritos desgarradores de Facundo.Por el sonido, era muy probable que sus dos brazos tampoco pudieran salvarse.Esta vez, Facundo había pagado un preci
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